Cómo poner límites a nuestros hijos

Recientemente asistí a una charla de la escuela de padres del cole sobre cómo poner límites a nuestros hijos. La impartieron dos psicólogas de la Asociación Educativa Fénix, Violeta y Lara, y la verdad es que me resultó de gran ayuda. Por eso quiero compartirla con vosotras. Algunas de las pautas que expusieron ya las sabía, pero me gustó mucho porque me ayudó a ordenar las ideas y a ver con más claridad la importancia de hacer bien las cosas y, sobre todo, pasos para lograrlo.

Establecer normas a los niños es necesario porque impacta en su fortaleza emocional y les sirve de modelo de conducta. Hace que se sientan más seguros, cuidados y valorados. Al poner límites a nuestros hijos les estamos dando una orientación para la vida.

Poner límites no quiere decir reaccionar a lo que hacen mal, es enseñarles lo que está bien y lo que está mal.

Hay que tener en cuenta que los padres somos los modelos de nuestros hijos. De nada sirve poner normas si nosotros no cumplimos unos modelos de conducta. No es lógico decirle a un niño que no chille si se lo decimos gritando. Los padres tenemos que manejar bien nuestras emociones porque transmitimos constantemente cosas a nuestros hijos.

Hay varias formas de educar, o lo que es lo mismo distintos estilos educativos:

  • Los padres sobreprotectores. Son aquellos que por miedo no dejan a sus hijos actuar de forma autónoma. Este tipo de educación a medio y largo plazo tiene unas consecuencias negativas en el niño: Inseguridad, falta de iniciativa y dependencia.
  • Los padres liberales. Son los que no ponen normas, exigen y controlan poco a los niños y les dan una autonomía prematura. Este estilo educativo provoca a la larga falta de motivación, frustración, problemas en el rendimiento escolar y convierte a los niños en manipuladores, pequeños dictadores muy exigentes con los progenitores.
  • Los padres exigentes y sancionadores: Son aquellos que solo dedican atención a lo que los niños hacen mal, son muy controladores, castigan enérgicamente y les cuesta comunicar sus sentimientos. Este tipo de educación también provoca consecuencias negativas en los hijos: retraimiento, inseguridad, sentimientos de culpa e infravaloración.

Según las psicólogas, la forma más adecuada de educar a nuestros hijos es mediante la exigencia positiva, esto es, que establece unas rutinas; que concreta pocas normas, claras y razonables, y las mantiene de forma constante; que utiliza los elogios constantemente, hay que felicitar mucho al niño por lo que consigue; que premia el intento; que no pone etiquetas; que es tolerante con los fracasos; y que habla al niño de forma positiva.

Poner límites a nuestros hijos

¿Cómo hay que poner las normas?

Cuando queremos poner límites a nuestros hijos y pedirles un determinado comportamiento tenemos que:

  • Describir con claridad qué queremos y cuál es la conducta que deseamos.
  • Hay que ser breves y poner las normas de una en una. No vale decir quiero que te pongas, el pijama, te laves los dientes y recojas los juguetes. Primero una cosa y luego otra.
  • Hay que asegurarse de que el niño nos escuchó y nos entendió
  • Hay que ser convincentes. Decir al niño en un tono seguro y positivo lo que queremos. Y decírselo cara a cara, no vale decirle que recoja los juguetes en la cocina si  está viendo la tele en el salón, (típico, no?)
  • Ser muy persistentes. Hacer de modelos y tener muuucha paciencia. Imponer los límites lleva su tiempo. No se consigue de un día para otro.

La atención de los padres es lo más importante para un niño. Si su comportamiento significa una atención positiva para ellos, probablemente, lo seguirán reproduciendo. Si por el contrario la consecuencia es negativa para ellos, no lo harán con frecuencia. Pero para esto los padres nos tenemos que mantener firmes en nuestros comportamientos, en las normas y en la manera en la que les atendemos.

Vamos con un ejemplo. Si estamos hablando por teléfono y el niño nos demanda atención. Tendremos varias opciones:

  1. Cortamos la conversación y le atendemos. El niño habrá cumplido con su objetivo, llamar nuestra atención y que le atendamos.
  2. Seguimos hablando y no le hacemos caso. El niño se pone impertinente, grita y patalea, en este caso lo mejor es irnos a otra habitación y no hacerle caso. No cortamos la conversación. Así le demostramos que eso no le funciona.
  3. Al colgar habrá que explicarle que, cuando estamos hablando, no se nos interrumpe, es una norma. Si la próxima vez que hablamos por teléfono el niño respeta nuestro momento, después le tenemos que decir que lo ha hecho muy bien, felicitarle e incluso jugar un ratito con él o darle una pequeña recompensa. Hay que valorarle el esfuerzo por hacer algo bien y lograrlo.

Las recompensas y las sanciones

Para que la recompensa o la sanción funcionen tiene que ser algo que verdaderamente le guste o disguste al niño. Por ejemplo, si le gusta el chocolate se le puede premiar con una chocolatina. Si les gusta que le leamos un cuento antes de dormir, se les sanciona sin cuento. La pregunta es… ¿Hay que premiarlo siempre? Por supuesto que no. Una vez que el hábito esté incorporado en la rutina del niño se retira la recompensa.

Cómo manejar las desobediencias

Los niños nos retan. Para nuestra desgracia… ¡Continuamente! La clave es la indiferencia, no hacer caso a sus caprichos. Cuando realiza un comportamiento destinado a llamar nuestra atención hay que ignorarle: no prestarle atención, no hablar, no mirar, evitar el contacto físico. Solo cuando esté tranquilo y haya dejado de hacer ese comportamiento inaceptable se le dedicará atención, y al principio no se le menciona lo ocurrido. Más tarde en un ambiente tranquilo, es cuando se le puede explicar que su comportamiento no es aceptable y que no puede volver a ocurrir. Se le explica la norma con tranquilidad.

Este vídeo es muy clarificador de qué quiere conseguir un niño con una rabieta y cómo lo hace.

Otra cuestión importante es que nos tenemos que dar cuenta de por qué se comporta nuestro hijo de determinada manera, hay que diferenciar sus emociones. Por ejemplo, si no quiere dormir solo en su cama tenemos que ver si es porque tiene miedo o por el capricho de que nos echemos con él. Si es por una cosa u otra cambia bastante cómo tenemos que actuar ante este comportamiento.

En definitiva y para recopilar:

  • Es imprescindible poner normas
  • Es necesario describir bien y de manera breve qué es lo que queremos
  • Hay que explicar cuál es la consecuencia si no se cumple la norma
  • Hay que ser muy persistentes  y tener paciencia
  • Tenemos que premiar siempre el intento y elogiar lo que nuestro hijo hace bien
  • Hay que recoger las emociones del niño
  • Tenemos que ser conscientes de que los padres somos su modelo de conducta

Mi pareja y yo ya hemos empezado a poner en práctica estas directrices. Y os puedo asegurar que nos están dando resultado. ¿Vosotras cómo lo hacéis? ¿Seguís estas pautas?

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