La magia de los Reyes Magos

La Navidad es una época fantástica si hay niños en casa. Especialmente todo lo que tiene que ver con la magia de los Reyes Magos. Son días de ilusión, de nervios, de espera por ver si se cumplen los deseos. Yo he revivido estas sensaciones con mi hijo de tres años, me encanta ver la inocencia y la ilusión en su cara cuando hablamos de Melchor, Gaspar y Baltasar. Me ha hecho rememorar mi infancia y acordarme con nostalgia de esos días felices con mi familia.

Con el paso del tiempo me he dado cuenta de que tuve una infancia muy afortunada. En una palabra, feliz. En esta felicidad tuvieron mucho que ver mis abuelos paternos. Fueron tan importantes en mis primeros años de vida…Si evoco mi infancia lo primero que viene a la cabeza son ellos, sobre todo mi abuela. Y si pienso en la Navidad, también. Principalmente en lo que respecta a la magia de los Reyes Magos.

Tengo que decir que a mí siempre me trajeron todo lo que pedía, que era mucho, la verdad. No sé si esto es bueno o malo. Pero mis padres y mis abuelos siempre se portaron muy bien con mi hermana y conmigo. Aunque no nos lo ponían fácil, nos vacilaban mucho, como ahora hago yo con mi hijo.

En los años 70 y 80 no había tantas cosas como ahora, y menos en una ciudad pequeña, como Salamanca… Pero si Sus Majestades estaban en una juguetería allí que me llevaban mi madre y mi abuela para entregarles mi carta y yo tan contenta. Que había un nacimiento, aunque fuera en una biblioteca o en una tienda, allí que me llevaba mi padre. En todo lo que había ahí estaba yo, que siempre he sido muy farandulera y me ha gustado mucho el entertainment.

La magia de los Reyes Magos

El 5 de enero ya estaba como loca pensando que esa noche llegaban los Reyes Magos. Mis padres y mis abuelos histéricos por mi hiperactividad, provocada, en parte, por ellos, que no hacían más que vacilarme con los regalos y los Reyes.

Por la tarde íbamos a ver la Cabalgata. En primera fila, como no podría ser de otra manera. Yo gritaba que me desgañitaba cuando pasaba la comitiva, sobre todo Melchor, mi favorito. Pedía caramelos como las locas y repetía a voz en grito, para que me escucharan bien, la retahíla de regalos que había pedido, no se fueran a olvidar de alguno.

Con todo el subidón, íbamos a casa de mis abuelos a ver por la tele la Cabalgata de Madrid. Esa era una pasada. Me encantaba. Lo único que bombardeaba a mi madre con preguntas porque a mí no me cuadraba que acababa de ver a los Reyes Magos en la calle, en Salamanca, y ahora estaban en Madrid, con otros ropajes y otras carrozas. Mi pobre madre se inventó una historia que ahora yo reproduzco con mi hijo.

Ella me explicaba que a los verdaderos Reyes Magos no los veía nadie, que nunca iban a recoger las cartas de los niños, ni salían en las cabalgatas. Que los verdaderos Reyes Magos estaban en Oriente y que solo venían a las casas esa noche a traer los regalos. Que los Reyes que veía en todas partes eran emisarios de los verdaderos y que se disfrazaban para atender las peticiones de los niños y ayudar a recopilar los juguetes.

A mí la verdad es que esta versión me cuadraba y me tranquilizaba. Porque otra cosa no… pero como me raye con un tema…no paro de darle vueltas, de siempre…

La noche de Reyes solíamos quedarnos a dormir con mis abuelos porque mis padres salían con sus amigotes. A veces cenábamos todos juntos, y ya en la cena mi abuelo nos vacilaba muchísimo a mi hermana y a mí. Empezaba “he oído un ruido, a lo mejor los Reyes ya han venido”. Mi hermana y yo -sobre todo yo porque mi hermana siempre ha sido un poco miedica-, corríamos como si no hubiera un mañana hacia la entrada de la casa recorriendo el largo pasillo que separaba el salón del recibidor. Y ohhhh, decepción, no había nada. Mi abuelo entonces decía, “me habré equivocado”, y así cuatro o cinco veces hasta que mi madre y mi abuela – mirando ya mal a mi abuelo, que se partía de risa- nos decían que los Reyes vendrían por la noche y que veríamos los regalos a la mañana siguiente.

La magia de los Reyes Magos

La mañana siguiente… ¡Qué alegría, qué alboroto! Me levantaba en cuanto entraba un rayo de luz en la habitación y corría despavorida al salón para empezar a gritar llamando a mi hermana ¡¡Elena, veeen, veeeen, que ya han venido!!! Empezaba a examinar todos los regalos y a repetir en bucle “¡¡me han traído todo, me han traído todo!!” A mi abuela la abducíamos y se tenía que quedar con nosotras jugando toda la mañana. Qué pena no haber podido grabar esos momentos en vídeo… Ahora me encantaría verlos.

Ese día y los siguientes no paraba de jugar con los regalos nuevos y al empezar el cole estaba deseando salir para volver a casa y seguir jugando.

Lo único que no recuerdo con tanto cariño es que mi madre año tras año nos ponía a mi hermana y a mí de regalo de Reyes un chándal y unas zapatillas de deporte. Mi hermana lo recuerda con horror. Mi madre dice que así aprovechaba y empezábamos el año con ropa deportiva nueva para el cole.

Ahora que soy madre he vuelto a revivir la Navidad y, sobre todo, la magia de los Reyes Magos. Me gustaría que mi hijo viviera lo que yo he vivido con mis abuelos y con mis padres. Porque yo era muy feliz en Navidad y vivía todo de manera muy intensa.

Conociendo a mis padres y conociéndome a mí, sé que él también va a ser muy feliz en estas fechas. Aunque él es mucho menos farandulero que yo. Pero ya en Papá Noel lo pasamos genial con la familia política y vivió todo con mucha ilusión.

Sé que cada una tendréis vuestros recuerdos. Estos son los míos, momentos de infancia imborrables y felices relacionados con la magia de los Reyes Magos.

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